Natalidad

   A través del juego nuestro bebé descubrirá su propio cuerpo y el vuestro; aprenderá las nociones de tiempo, espacio, formas, colores y desarrollará su afectividad, sus relaciones con el prójimo, su personalidad y su inteligencia. Por eso algunas personas han dicho que “jugar es el oficio del niño”, ya que es gracias a él, que el niño se descubre a sí mismo y al mundo que le rodea.

   Un niño feliz es un niño que se mueve, que descubre, que se emociona, que se ríe, en definitiva, un niño que juega. El bebé aprende pronto lo agradable que es patalear y sonreír, que le hagan cosquillas y carantoñas. Por eso nosotros, como padres, debemos dejar que nuestro bebé juegue y se exprese a sus anchas, y también motivarlo y posibilitarle nuevos descubrimientos y nuevas experiencias. A través del juego, él irá descubriendo el mundo.

   Los padres: el primer juguete del niño

   La voz y los sonidos que emitimos los padres, nuestras muecas y facciones, nuestra cara y miradas… El bebé pronto descubre que sus papás son una fuente inagotable de diversión. Por eso le gusta tanto que le canten canciones y que le hablen con grandes sonrisas y muecas. Luego comienza a tocarnos los mofletes, a tirarnos del pelo o a quitarnos las gafas de un manotazo… Todo lo que sea toquetear a sus padres le encanta, y eso es bueno potenciarlo. Hay muchas situaciones cotidianas que el bebé puede vivir desde su vertiente lúdica y que nosotros debemos aprovechar para motivarlo y divertirle:
· El cambio del pañal es un momento esencial en la vida de nuestro bebé. A él le encanta ver nuestra cara hablándole y haciéndole muecas. Él, como respuesta, moverá brazos y piernas y nos llenará de sonrisas y gorgoteos. Dejémosle disfrutar un rato sin pañal, que patalee a sus anchas. Esto, junto a la sensación de estar limpio y fresco, es una actividad muy agradable para él.
· Si a nuestro bebé le gusta el agua, podemos permitirle unos minutos más de diversión en el baño. Mover el agua, reír, hacerle muecas, balancearlo suavemente. Piensa que hasta hace poco, el agua era su hábitat natural y que lo más natural es que se sienta muy a gusto. También podemos dejar que experimente con diferentes objetos: unos que floten, otros que se hundan o que absorban el agua, etc.
· Todos los niños patalean, pero si les hacemos cosquillas patalean más y más fuerte. Los juegos que inciten a nuestro hijo a moverse más, a sonreír, a emitir gorgoteos, esos son los más aconsejables. Hacerle cosquillas, besos en la barriga, zarandearle los pies y las piernas, las manos y los brazos, pasarle objetos por el cuerpo (una pluma, un cepillo suave, una tela, etc.) o jugar a “hacer gimnasia” con sus extremidades estimulará su movimiento, su aprendizaje y hará que se lo pase en grande.
· Es muy importante tocar y manosear el cuerpo de nuestro bebé. Debéis pensar que gran parte de la comunicación que se establece durante los primeros meses entre nosotros y nuestro hijo es a través del contacto físico. Es muy recomendable y muy placentero para él recibir masajes en el cuerpo. Disfrutará estando un rato desnudo, en una habitación cálida y agradable, y sintiéndose el centro del mundo con vuestras manos sobre su cuerpecito. Existen libros sobre cómo hacer masajes a bebés (ver apartado de ‘Saber más’) y también podéis encontrar información en el artículo ‘El masaje de los bebés’.
· Seguro que también habéis visto que vuestro bebé se introduce muchas cosas en la boca. Es aconsejable ofrecerle objetos y juguetes que él pueda chupar, ya que a través del gusto, junto con el tacto, descubre cómo son las cosas. Utiliza estos sentidos para conocer el mundo en el que se encuentra.
· El complemento perfecto para los juegos corporales son los juegos sensoriales. Podemos ofrecerle objetos con formas y texturas diferentes; algunos alimentos para que los huela; mostrarle sonidos nuevos: un sonajero, una campanilla; darle a conocer productos de gustos diversos (en el momento adecuado de su dieta): una gota de limón, un poco de azúcar, yogures de sabores variados. Estas pequeñas muestras le servirán para ir descubriendo el mundo y lanzarse hacia nuevos descubrimientos.

   El recién nacido y el descubrimiento del propio cuerpo. El juego en solitario

   El bebé no sólo juega con sus padres. Muy pronto se da cuenta que su propio cuerpo es una fuente de diversión increíble que tiene tantas posibilidades como movimientos y sonidos es capaz de fabricar. Así, pronto lo veremos hacer muchos ejercicios físicos, se meterá los pies en la boca, se cogerá ambas manos juntas, pataleará y pronto aprenderá a gritar y reír y disfrutará experimentando todo lo que su cuerpo es capaz de hacer. La exploración de su propio cuerpo lo llevará a conocerlo cada día mejor y una vez sienta que lo conoce y lo controla más o menos, entonces empezará a experimentar con aquellas cosas que tiene alrededor: tocará los objetos que tiene cerca, gateará descubriendo el espacio que se extiende ante él… Cada bebé tiene su propio ritmo y debemos dejarle que se vaya adentrando en el conocimiento de su propio cuerpo poco a poco respetando su manera de hacer. Es importante saber que el bebé se lanza a descubrir o a experimentar algo cuando, de alguna manera, siente que está preparado. Es muy listo, dejémosle ir haciendo.

   Juegos con moralejas importantes…

   Existe un tipo de juegos muy sencillos y repetitivos, pero que esconden grandes enseñanzas importantes para vuestro hijo.
· El juego del “cu-cu” o del “¿Dónde estoy?”. Se acostumbra a jugar cuando el niño tiene entre 8 meses y 1 año y medio. Consiste en esconderse la cara con las manos, bajo una sábana o detrás del sofá y preguntar “¿Dónde estoy?” o decir “cu-cu”, para acto seguido aparecer diciendo “¡Aquí!”. Al niño le resulta de lo más divertido, la mayoría de veces se troncha de risa y además le sirve para empezar a saber que aunque las cosas no están presentes en un momento, no desaparecen del todo, sino que vuelven enseguida. Este aprendizaje es muy importante cuando llegue el momento de llevar a nuestro hijo a la guardería, dejarlo con un canguro o alguna otra circunstancia que comporte separarse un tiempo de él. Seguramente él ya habrá aprendido, gracias a este tipo de juegos, que las personas y las cosas existen aunque él no las vea. Este juego puede acabar convirtiéndose, cuando sea más mayorcito, en el clásico escondite.
· El juego del “¡Ay, que te caes!”. También para niños de entre 8 meses y 2 años. Consiste en cogerlo en brazos y hacer ver que se va a caer dejándolo suspendido un par de segundos en el aire, o hacer ver que lo vas a tirar a algún sitio y coger impulso para hacerlo, pero todo se queda en un suave balanceo. Les encanta, se lo pasan bomba y les ayuda a ganar confianza.

   Itziar Franco Ortiz.

   Con la autorización de: www.solohijos.com
——————
Temas relacionados:
Juegos para la cooperación y la paz
Música y juego, una forma de aprender
Otros artículos sobre la NATALIDAD
Temas de Pasatiempos

Enviar a un amigo

Anuncios