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Hace bastantes años yo solía decir que, después de haber visto inventos tales como el de la aviación y el de la televisión, ya no aparecería ninguno que pudiera sorprenderme.

Pero no ha sido así: desde que apareció Internet, no dejo de sorprenderme, y, casi siempre, positivamente.

Y como los pros de las TIC son evidentes, tal vez nos vendría bien reflexionar de vez en cuando sobre los contras (el mal uso de las mismas), para tratar de evitarlos.

A mi modo de ver, uno de los peligros que corremos es que nos volvamos unos autosuficientes, prepotentes o individualistas; y es que, el hecho de que casi todo lo podamos encontrar con Google, nos puede llevar a pensar que no necesitamos nada de los demás, lo que contribuiría a aislarnos del prójimo, a no valorar la experiencia de los mayores, a no pedir consejo a los expertos, etc.

Otro peligro es el aislamiento al que, paradójicamente, nos puede llevar el WhatsApp.

Recuerdo que siempre se nos recomendaba que para que una gestión o relación humana fuese fructífera, no bastaba con llamar por teléfono (dar la voz y el oído), convenía concertar una entrevista (dar la cara).

Ahora, con los sms, whatsApp, etc. corremos el riesgo de no dar la cara, ni la voz, ni el oído, lo que lleva a un trato más superficial e impersonal.

También llama la atención ver a personas que cuando usan algunas TIC se olvidan de la forma exquisita con la que habitualmente tratan a los demás.

Es el caso, por ejemplo, de dos personas que están hablando, llaman a una de ellas por el móvil, y, ésta, sin mediar ninguna justificación (es urgente, es importante,… perdona), se olvida de la otra, que se queda como un pasmarote mientras la primera continúa parlando por el móvil.

Convendría tener en cuenta que esta situación es similar a que la que se produciría si, en vez de sonar el móvil, llegase una tercera persona y una de las dos primeras, sin ninguna explicación, dejase a la otra allí plantada, ninguneada, para sólo conversar con la recién llegada. Sería como para decir ¡ahí te quedas!, y largarse.

¡Y hasta hay gente que se dedica a enviarse mensajitos entre sí mientras están reunidos con otros!

¡Sorprendente! Hace unos días nos invitaron a tomar café a otra persona y a mí unos viejos amigos, a los que hacía bastante tiempo que no veíamos, y nos contaron, un poco “escandalizados”, cómo un joven matrimonio, al que, unos días antes, también habían invitado a café, se pasó casi toda la reunión ¡enviándose mensajitos entre ellos!.

Lo curioso es que al mismo tiempo que nuestros “anfitriones” nos contaban esto, seguía funcionando su televisor, que no habían apagado al llegar nosotros. ¡Paradojas de las TIC!.

Vicnuel Sánchez González
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