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   ¿A qué se refieren en Nueva Era cuando hablan de “energía”? A esta pregunta ha contestado en el portal Aleteia el experto Manuel Guerra, sacerdote burgalés, autor del Diccionario enciclopédico de las sectas y miembro de la Red Iberoamericana de Estudio de las Sectas (RIES). Según resume al inicio de su artículo, la energía en la Nueva Era es “algo” inmanente al universo, con lo cual uno puede ponerse en comunicación, abriéndose a ello, y presente también en uno mismo. Reproducimos el artículo a continuación.

   Algunos nueveranos (adeptos de Nueva Era) recorren el Camino de Santiago para apropiarse de la energía concentrada especialmente en varios de sus lugares. Cuando, en 1995, la artista Shirley MacLaine llegó a uno de ellos, San Juan de Ortega (Burgos), estuvo mucho tiempo contemplando el entorno mientras, ensimismada, exclamaba: “todo es Energía…, todo es Dios. Yo soy Dios”. Según NE (Nueva Era), estamos inmersos en un mar energético, aunque no veamos la energía cósmica como el pez no ve el océano en el que nada ni su inmensidad. ¿Pero, qué se entiende por energía” en NE?

   1. La energía física

   ¿De qué se compone el universo con sus más de cien mil millones de galaxias, cada una de ellas con unos doscientos mil millones de estrellas, de promedio? ¿De qué se componen todas las cosas y seres existentes: estrellas, cometas, planetas, rocas, mares vegetales, animales, el hombre?

   Seguramente el lector estará pensando: “en primer lugar, de materia”. Más aún, según los materialistas “en el universo hay materia y solamente materia”. Nueva Era, al revés, afirma que el universo se compone de energía y solamente de energía.

   La astrofísica [1] y la física cuántica o moderna han demostrado que asciende sólo al 4 % la materia ordinaria, tanto la visible (estrellas, planetas, etc., y sus cosas) como la no luminosa ni visible, que, en su mayoría, se reduce a hidrógeno (el átomo más simple: un electrón que gravita alrededor de un protón) difuso entre las estrellas y entre las galaxias.

   El resto es materia oscura o invisible (21 %) y energía oscura (73 %). Hay “campos” de energía invisible. Cuando queremos hablar por teléfono móvil, a veces exclamamos “no hay cobertura”, o sea, estamos fuera del campo de las ondas telefónicas.

   ¿Alguien ve las ondas de radio, las televisivas, las microondas, los rayos infrarrojos, los ultravioletas, los rayos cósmicos? Aunque todos estos sean luz o radiación electromagnética, de esta sólo un 33 % (1/3) es visible, es decir, las ondas ópticas de los colores (la luz natural y la artificial).

   Además, “no sabemos qué es materia. Sí sabemos que no es materia” (Heisenberg, uno de los principales científicos del siglo XX), es decir, no algo “continuo, compacto, consistente y resistente” como la definió Aristóteles y nos la muestran los sentidos.

   Pues toda la materia se compone de átomos, cuyo 99 % es vacío, aunque no del todo vacío (presencia del bosón de Higgs, partícula demostrada en 2013 en el CERN, pero teorizada en 1964 por el británico Peter Higgs, Premio Príncipe de Asturias y Nobel 2013). El 1 % restante corresponde a los electrones y sobre todo a los quarks, constitutivos de los protones).

   Un átomo es una cienmillonésima parte de un centímetro. Si una naranja aumentara su tamaño hasta convertirse en la Tierra, los átomos de la naranja tendrían el tamaño de las cerezas.

   2. ¿Nueva Era diviniza la energía física, un panteísmo físico?

   Según la ciencia moderna, todo es energía. Si la energía electromagnética -la luz- se condensa un número muy elevado de veces, se transforma en materia, concretamente en los átomos más simples, los de hidrógeno, que son los más numerosos (75 % del universo), luego en átomos de helio (dos electrones en torno a dos protones) -23 %-. El 2 % restante, deuterio (hidrógeno pesado) y litio. Son los surgidos tras el Big Bang antes de formarse las constelaciones y estrellas. Los 113 elementos restantes (carbono, uranio, oro, etc.) son derivados formados en las reacciones nucleares en el seno de las estrellas.

   Nueva Era está influida por los avances de la ciencia moderna. Uno de los nudos de la red nueverana, que recubre ya toda la Tierra, la secta Vida Universal o Nuevo Retorno, fundada en 1974, oficialmente en 1987 en Würzburg (Alemania) con numerosos adeptos en Europa (más de un millar en España), América, etc., hace un traspaso literalísimo desde la física cuántica a lo divino en un sincretismo de impronta cristiana.

   Pues afirma: “la base energética de toda la Creación: el Sol Central Primario y la corriente etérea, el éter, son el Dios impersonal, el Espíritu Santo”, que consta de “dos fuerzas primarias”, a saber, la “positiva y la negativa” al modo de “los dos polos de un imán, de una corriente eléctrica”. A su vez “la partícula positiva” se compone de dos tercios y la negativa de un tercio de la Fuerza Primaria”. Esta proporción está tomada de la física moderna, a saber, del elemento más diminuto de los conocidos hasta ahora: el quark compuesto de 1/3 (negativo) y 2/3 (positivo) de la carga de los protones. Pero Vida Universal no lo cree así, pues considera el quark como un reflejo de la constitución del Espíritu Santo (cf. El Dios personal e impersonal. ¿Quién o qué es Dios?, libro de la fundadora Gabriele Wittek; las palabras entrecomilladas en las pp. 30. 122 ss.).

   Aunque, a primera vista sorprenda, NE tiene razón en la medida en que se acerca a la verdad, a la realidad. Pero no la tiene cuando niega la existencia de seres puramente espirituales. Reduce todo a energía, también a Dios, a los ángeles, a Lucifer, al alma o espíritu humano, a Cristo.

   Jesucristo sería Dios solamente desde el instante en que, en el Jordán, habría descendido sobre Jesús de Nazaret no el Espíritu Santo, sino la “Energía cósmica” o “crística”.

   Los Testigos de Jehová escriben “espíritu santo” (minúscula inicial) porque, según sus creencias, no sería Dios, ni Persona, sino “una energía, una fuerza activa” (cf. su libro Espíritu Santo… ¡la fuerza tras el nuevo orden venidero!, pp.12-15).

   No es que el universo -como el hombre- se componga de cuerpo visible y del alma invisible, como enseñan el estoicismo, Plotino, etc., sino que el universo entero y todos sus integrantes, especialmente la Tierra, son Energía y que esta es divina. Así lo físico se transforma en realidad metafísica, teologal.

   Lo divino, entendido así, no es un ser personal, “alguien”, ni “único”, trascendente, capaz de juzgar, salvar o condenar, sino “algo”, inmanente al universo, con lo cual uno puede ponerse en comunicación, abriéndose a ello, presente también en uno mismo.

   3. Algunas manifestaciones de la energía nueverana: el ecologismo, los Métodos del Potencial Humano (reiki, taichí, etc.)

   La ecología trata del entorno medioambiental y se preocupa de que sea adecuado para el desarrollo de la vida. Ha llegado a ser un movimiento de protesta contra los daños y alteraciones irreparables de la naturaleza (contaminación del aire y de las aguas, efecto invernadero, etc.).

   NE ha dado un paso más, transformándola en ecologismo. Pues considera la Tierra como un organismo vivo, autoorganizado y, además, numinoso, divino, llamada Gaia (una de las designaciones de “Tierra” en griego), la Pachamama (indígenas americanos), la diosa Madre Tierra.

   El ecologismo nueverano palpita en no pocas protestas ecológicas (los Verdes, Greenpeace). Parecen conceder menos importancia al hombre y a la mejora sensata de los medios de comunicación que a la naturaleza en su estado actual. Protestan contra la construcción de pantanos, carreteras, vías férreas, etc., por considerarla una especie de “sacrilegio” de la numinosidad de la Tierra (aunque, de cara al público, suene a oposición a la contaminación del ambiente, destrozo de la belleza del paisaje, etc.).

   NE ha creado el clima propicio para la proliferación de innumerables Métodos del Potencial Humano: reiki, taichí (“ki” en japonés, “chí” en chino significan “energía”), yoga, Energía Humana y Universal, Meditación transcendental, Kryon, etc.

   En ellos hay que distinguir su condición de psicotecnia y su ideología. Sus recursos psicotécnicos (ejercicios respiratorios, gimnásticos, etc.) suelen ser el anzuelo para que sus practicantes terminen por picar en su ideología de sectas de NE, generalmente con raíces budistas, hindúes y taoístas.

   De todos o de casi todos puede afirmarse lo dicho por el Comité Doctrinal de la Conferencia Estadounidense de Obispos Católicos en un documento sobre el reiki: “Carece de credibilidad científica”, “es incompatible con la doctrina cristiana”, y lo razona (cf. texto en InfoRIES 132 -2009- pp.1-18).

   El panteísmo, vigente en el hinduismo desde el siglo VIII a. C., identifica lo divino, Átman-Brâhman, lo Uno Todo, con el prana, palabra sánscrita que significa la esencia del éter, elemento inmaterial y difuso por todo el universo y como su “alma” (= átman en sánscrito).

   Por eso, en el hinduismo y en sus sectas, en el yoga y en tantos Métodos del Potencial Humano y en general en NE, los ejercicios de respiración diafragmática o profunda tienen una finalidad fisiológica (una mejor oxigenación de las células) y sobre todo, teologal, a saber, aspirar o respirar más y mejor lo divino para lograr el endiosamiento propio hasta en el plano fisiológico.

   Hasta el siglo XX se creía que el éter llenaba todos los espacios vacíos moleculares e interplanetarios y que era necesario para la transmisión de las ondas electromagnéticas.

   Pero la física moderna (Einstein, etc.) lo ha declarado innecesario e inexistente. ¿Por qué lo mantienen el hinduismo, el budismo, Nueva Era, etc.? Seguirá siendo una “creencia”, pero incompatible con la ciencia.

   4. ¿La Energía nueverana, realidad física o solamente intramental, creída?

   La ciencia moderna entiende la energía (electromagnética, atómica, etc.) como algo “físico”, no “metafísico”, aunque no sea “material” en el sentido vulgar y de la física tradicional.

   Los adeptos de NE a veces piensan así, pero no necesariamente ni todos. He visto a personas nueveranas abrazarse al tronco de algunos árboles, detenerse en determinados lugares del Camino de Santiago, realizar ritos a veces llamativos, etc., para apropiarse de su “energía cósmica”.

   Ya no es raro oír que alguien dice a otra persona: “voy a enviarte energía positiva” en clave evidentemente nueverana, en vez del católico: “voy a pedir a Dios por ti, por tus necesidades”.

   Más aún, el director del Instituto Gnóstico de Antropología de Burgos me reconocía que esta energía está concentrada también en el sagrario. Por eso visita las iglesias católicas y, aunque no cree en la divinidad de Jesucristo ni en su presencia real eucarística, mira hacia el sagrario con más intensidad que los católicos para apropiársela. Así sale enriquecido en armonía creciente consigo mismo, con los demás y con el universo al mismo tiempo que se siente capaz de irradiar paz, ilusión e influjo benéfico para los demás.

   Si se les pregunta, suele comprobarse que no se trata de una energía física, sino metafísica, simplemente mental, que no se detecta por medio de los detectores Geiger-Müller o similares. Por lo mismo su existencia depende de la creencia o fe, con efectos a veces sorprendentes por la eficacia misteriosa de las fuerzas ocultas de la mente, así como de los vericuetos del subconsciente y del inconsciente, sin posible demostración científico-técnica en un extraño sincretismo o mezcolanza de religiosidad, credulidad, autosugestión, irracionalismo y física moderna.

   Para adaptarse a la psicología infantil y no infantil, la pedagogía catequética ha tratado siempre de aclarar las creencias religiosas acerca de lo divino mediante similitudes y comparaciones tomadas de los fenómenos naturales. Parece lógico que ahora se intente hacerlo desde la física moderna en la medida de lo posible. Pero una cosa es eso y otra muy distinta e inadecuada pretender convertir la física en teología, en religión. Por mucho que se hubiera empeñado, ni Fidias habría sido capaz de tallar su Zeus con un pincel, ni con un cincel, aunque fuera el fidiano, Velázquez habría podido pintar Las Hilanderas.

   Manuel Guerra. FUENTE: Aleteia
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