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   Hay muchas guías para padres de víctimas de bullying, pero muy pocas para ayudar a prevenirlo.

   El bullying es uno de los mayores problemas que existen actualmente en las escuelas de todo el mundo. Un problema que siempre ha existido – siempre ha habido acoso y burlas entre compañeros, desde que existe la misma escuela – pero que antes, o se minimizaba – ¡son cosas de niños! –, o se solucionaba ejerciendo una violencia limitadora por parte de profesores y padres.

   ¿Qué es lo que asusta hoy del bullying? Que cuando salen los casos a la luz, muchas veces de forma trágica, el niño/a lleva soportando un sufrimiento enorme sin que nadie lo sepa. Y se producen situaciones que, de haberse sabido y atajado cuando sólo eran pequeños problemas de convivencia entre niños, habrían podido evitarse. Es como un cáncer que ya ha hecho metástasis por no haberse tratado a tiempo.

   Actualmente, existen muchas guías para padres y educadores, para prevenir y denunciar los casos de acoso. Pero ¿qué hacer cuando el agresor es tu hijo? Ningún niño nace siendo un agresor: muchas veces, el contexto escolar, las amistades, la inmadurez y la falta de guía son la que lleva a un menor a hacer bullying a otro.

   ¿Cómo intervenir antes de que el problema se vaya de las manos? Esa cuestión se la planteó valientemente una madre y bloguera estadounidense, Leslie Blanchard, católica y madre de cinco hijos, cuando se dio cuenta de que una de sus hijas y sus amigas excluían y trataban mal a otra compañera que sólo quería ser del grupo. La madre se dio cuenta de que su hija estaba actuando mal, y decidió darle una lección antes de que la cosa fuese a mayores.

   Del caso contado por esta mujer, hay una serie de enseñanzas que es bueno tener en cuenta:

    El bullying no es solo cosa de escuelas de barrios marginales, ni el niño acosador debe necesariamente procede de una familia desestructurada o problemática. Es verdad que estos factores influyen, pero no son determinantes: se puede dar en contextos “normales”.

    Un padre no debe bajar la guardia nunca. Es muy importante hablar con los hijos, implicarse en sus vivencias y guiarle en sus relaciones sociales. Educación y valores no es solo hacer de tu hijo un buen estudiante, sino también un buen compañero. En el caso de Leslie, fue una conversación con su hija la que le abrió los ojos ante el problema, y le permitió actuar a tiempo. Los padres no se “meten” en las interacciones sociales de sus hijos, ¡pero es un campo en el que los niños también necesitan aprender y ser guiados!

    El bullying no es un problema que aparece de repente, sino la fase final de un proceso que empieza con el descarte: un niño o un grupo de niños descartan a otro, por la razón que sea (torpeza en los juegos, porque es “nuevo”, porque es tímido, por el color de su piel o por su procedencia). En el caso de Leslie, fue detectar esta actitud en las palabras que empleaba su hija para hablar de la otra niña lo que hizo encender sus alarmas.

    Como dice ella misma, no es suficiente con educar a los hijos a ser “buenos chicos”, pues esto transmite la idea de que, mientras no haya insultos o golpes, mientras no haya crueldad manifiesta, no están actuando mal. Y no es verdad. El maltrato físico o psicológico es como la fiebre, es el indicador de un mal.

   ¿Cuáles fueron las estrategias que llevó a cabo Leslie con su hija? Fundamentalmente una: No criminalizar a su hija, pues la verdadera medicina es hacerle descubrir por sí misma que está actuando mal, y cuáles son las razones que le llevan a ello.

    Obligarla a conocer a su “víctima”: Tenía que encontrar tres cosas buenas en la otra niña y contárselas a su madre. Supuso una lucha con su hija, pero Leslie sabía que no podía ceder. Sólo conocer de verdad a los demás ayuda a superar los prejuicios.

    Involucrar a los demás padres, incluyendo a los padres de la niña que estaba siendo dejada de lado.

    Enseñar a su hija a tratar bien a todos, a estar abierta y a no dejarse llevar por las primeras impresiones al conocer a otras personas.

   Al final, ambas niñas acabaron siendo muy buenas amigas, pero como dice Leslie, “la que más ganó de esta experiencia fue mi hija. Ahora va a la universidad y tiene un grupo de amigos muy diverso. Es amable, le gusta incluir a todo el mundo y está abierta a todo tipo de personas. Cuando era maleable yo estaba ahí para guiarla”. Esa es la lección que todos los padres deberían aprender.

   Inma Alvarez. Original de http://www.es.aleteia.org.
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