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   Fundar una familia.

   La mayoría de los seres humanos, tanto hombres como mujeres, al llegar a la juventud sentimos, más o menos intensamente, la necesidad de fundar una familia, buscando una persona del sexo contrario a la cual amar y con la que tener la descendencia de los hijos que, con el matrimonio o unión conyugal de los esposos, forman lo que se ha llamado tradicionalmente una familia.
   Me refiero a la familia natural entre un hombre y una mujer mayores de edad, que desean unir sus vidas para siempre impulsados por el amor mutuo y el deseo de lograr tener hijos que son la alegría de la vida y la satisfacción de los padres al verles nacer, crecer, desarrollarse y un día lejano crear su propia familia.

   “La familia natural entre un hombre y una mujer, es la base de la sociedad y el lugar donde las personas aprenden por vez primera los valores que les guían durante toda su vida”. “Es también la única comunidad en la que todo hombre es amado por sí mismo, por lo que es y no por lo que tiene”. San Juan Pablo II

   Lo ideal es que sean uno con una y para toda la vida, si puede ser casados por la Iglesia mejor,porque la intervención de Dios en la unión, solemniza y proporciona mayor garantía de permanencia que el simple contrato matrimonial civil, para apoyarse mutuamente en su amor ante las alegrías, dificultades, penas y dolores que la vida en común conlleva.

   Otras formas de matrimonio o familia propugnadas en la actualidad por la ideología de género, como el llamado “matrimonio homosexual” no me interesan porque no son verdaderos matrimonios ni verdaderas familias, podríamos decir que son sucedáneos o copias desfiguradasde las verdaderas, por la sencilla razón de que el ser humano es libre para elegir su orientación sexual aun en contra del sexo que posee por naturaleza, es libre para hacerlo pero se equivoca flagrantemente cuando lo hace.

   La finalidad del matrimonio es el amor y la ayuda mutua en la prosperidad, en la enfermedad y en la vejez y la procreación de los hijos de modo natural mediante el acto conyugal entre los esposos que es la culminación de la mutua entrega entre los dos.

   Pero fundar una familia de estas características es una tarea compleja y difícil porque hay que enfrentarse a numerosos problemas e interrogantes, psicológicos, económicos, sociológicos, etc. que es preciso afrontar entre los dos cónyuges para salir adelante en su propósito.

   Problemas económicos, ingresos necesarios para vivir

   Los nuevos cónyuges saben que se necesitan unos buenos ingresos económicos para asegurar el mantenimiento de la familia, comida, vivienda, gastos de servicios como electricidad, calefacción, teléfono, agua, saneamiento, etc. etc. y aquí surge el primer escollo, ¿deciden quetrabaje sólo uno de los cónyuges o deciden trabajar los dos para disponer de más medios para afrontar los numerosos gastos que se originan en el ámbito familiar?

   Si trabaja sólo uno de ellos generalmente el marido, para que la mujer desarrolle su maternidad con holgura –algo a lo que está naturalmente predispuesta por naturaleza y lo desea profundamente: tener hijos- si el hombre no es comprensivo y abusa de su situación para dominar a la mujer que no posee ingresos que le proporcionarían una cierta independencia económica para sacudirse o quitarse de encima el posible abuso psicológico del marido,se puede producir la dependencia material y existencial del hombre sobre la mujer.

   No es verdad que el varón domine y esclavice siempre a la mujer en el matrimonio como afirmaba el político alemán Friedrich Engels en el siglo XIX; puede suceder en algunos casos, pero no necesaria-mente en todos, por lo que extraer conclusiones generales de tal circunstancia, es profundamente imprudente y erróneo.

   Si deciden trabajar los dos para obtener más ingresos y así vivir más holgadamente, se reduce la posibilidad de tener muchos hijos porque difícilmente se les puede atender y convivir con ellos para procurarles la educación que necesitan para desarrollar su personalidad, salvo que se posean importantes ingresos económicos que permitan la ayuda de otras personas en las tareas del hogar.

   En ambos casos, en las sociedades actuales europeas, destaca de modo evidente que la mayoría de los matrimonios vamos a llamar normales, se detienen cuando consiguen tener dos hijos ydeciden no tener más, -la parejita- hasta el punto de que en España el número de hijos por mujer casada es de 1,36 lo cual no posibilita el relevo generacional aunque puede compensarse en parte por los matrimonios de inmigrantes que suelen tener 3 hijos y a veces más.

   Causas de la paralización de la fertilidad femenina

   Las principales causas de esa detención o paralización del número de hijos por matrimonio son: en primer lugar el avance de la medicina y cirugía que hace que en la actualidad se haya reducido muchísimo la mortalidad infantil, que antiguamente alcanzaba el 30 y hasta el 50 % o más de los niños que morían a los pocos meses o años de nacer.

   En segundo lugar, el miedo o el temor de los esposos a no poder atender los numerosos gastos que conlleva la crianza y educación de los hijos, gastos que se multiplican de acuerdo con su número. En demasiadas ocasiones se prefiere en su lugar tener un perro o una mascota que depara menos exigencias económicas y de todo tipo para atenderlo adecuadamente.

   En tercer lugar, la comodidad de los padres que desean tener más tiempo libre para ellos y menos obligaciones que cumplir para educar a los hijos. Esta actitud generalizada entre los matrimoniosde clase generalmente media o baja con limitados o escasos recursos económicos, llega hasta el extremo de que, algunos de esos matrimonios que han optado por limitar el número de hijos, llegan a burlarse o ridiculizar a las familias numerosas que poseen más de 2 hijos.

   ¿Cómo consiguen esos matrimonios tener tan sólo dos hijos a lo largo de su vida matrimonial? De hecho, puede decirse que ninguno de los matrimonios a que me refiero que evitan o limitan la fertilidad femenina, se plantea regular la natalidad de modo natural mediante la abstinencia mutua y temporal de las relaciones sexuales, o por medio de métodos naturales como el Ogino-Knaus, la Temperatura basal, el método Billings o cualquier otro. Lo corriente es recurrir al preservativo o ala vasectomía masculinos, la ligadura de trompas femenina, la píldora del día después, o cualesquiera otros métodos artificiales, porque es más sencillo, cómodo y eficaz para evitar la procreación.

   Hay que tener en cuenta que, la mayoría de los matrimonios a que me refiero, están bautizados y son creyentes pero no practicantes, y su fe débil no garantiza que no rechacen tener los hijos que Dios les permita, o limiten el número de hijos por procedimientos naturales, antes al contrario, prevalece la decisión de tener sólo dos como máximo para no complicarse la vida, utilizando métodos anticonceptivos y soslayando el problema moral que tal decisión conlleva.

   Consecuencias de esa paralización

   Esos medios artificiales para evitar el embarazo, significan que se ciegan las fuente de la vida humana, y que ambos cónyuges se incapacitan para vivir sin limitación alguna la moral natural, tal como se debe vivir en la vida matrimonial que debe estar siempre abierta a la posibilidad de los hijos, salvo que se utilicen métodos naturales, suficientemente justificados no por mero capricho de los esposos.

   Cuando no se vive correctamente esa moralidad natural, la fe en Dios si se tiene, se debilita y permanece en el mejor de los casos muerta, inoperativa y no se puede amar y tratar sinceramente a Dios, porque para esto hay que practicar y vivir primero una moral efectiva de modo permanente, de acuerdo con la enseñanza divina revelada –Los Diez Mandamientos de la Ley de Dios- y la doctrina moral enseñada por la Iglesia Católica.

   Esta es, en mi opinión, una de las razones más importantes del rechazo y del enfriamiento de la fe y de la moral en los países europeos y en el mundo occidental. A partir de aquí, el ateísmo teórico o práctico y la inmoralidad se desarrollan a sus anchas sin apenas oposición o con muy escasa oposición. Ahí están para demostrarlo las leyes sobre el aborto como derecho, el homosexualismo, el feminismo radical, la ideología de género, etc. que ponen de relieve inmoralidades demasiado extendidas en el mundo anti-guamente cristiano y respetuoso con la dignidad humana de los países occidentales.

   Con este planteamiento vital que afecta a tantas personas que han seguido su vocación matrimonial a la que se han sentido impulsados, los cónyuges, aun manteniendo cierta buena intención en la mayoría de sus actos, suelen decir algunos analistas políticos y sociólogos que están dormidos ante el mal que supone la legalización del aborto, de la eutanasia, de la fecundación artificial, del matrimonio homosexual, la ideología de género, el cambio de sexo por capricho, etc. porque no se atreven, por escasez de fe y valor moral, a enfrentarse a tantas leyes que atentan contra la moral y la vida humana, es decir, contra la naturaleza humana, porque ellos mismos están atentando y se están burlando de ella habitualmente en el seno de la relación matrimonial en la vida íntima de los esposos.

   No pretendo afirmar que todos los matrimonios que se limitan a tener dos hijos, los tienen porque consiguen esa limitación del número de hijos por medios artificiales, sino que esa clase de limitación la realizan en su mayoría de ese modo y se alejan así de una vida religiosa y moral de amor, oración y trato con Dios aunque puedan actuar de hecho y habitualmente, con bastante moralidaden muchos otros aspectos de su vida corriente, pero a la vez, no pueden menos que sentirse inermes, pasivos, adorme-cidos se dice, para oponerse y combatir la creciente inmoralidad de la sociedad en la que viven, que se plasma en los constantes ataques a la familia natural para desvirtuarla, que se producen en esta época que vivimos.

   Hay que proclamar y recordar que, cegar las fuentes de la vida en el matrimonio y fuera de él o, lo que es lo mismo, vivir las relaciones sexuales impidiendo la fecundación y concepción de los hijos que suele seguir de la realización de tales actos, son contrarios a la fe en Dios que lo prohíbe y a la moral natural que los condena.

   No bastan las palabras, las razones y las ideas bienintencionadas de los que estamos a favor del matrimonio natural entre un hombre y una mujer y de no limitar arbitraria e irresponsablemente el número de hijos, ni de recurrir al aborto para lograr esa limitación de la fertilidad femenina, sino que algo práctico habrá que hacer para no quedarnos en palabras y teorías ineficaces.

   Instituto de Maternidad

   Una sociedad que aprueba la legalización del aborto inducido que consiste en matar a niños en el seno de su madre antes de nacer, masivamente –unos 100.000 bebés al año sólo en España- o lo que es lo mismo, un niño o niña cada 5 minutos, es una sociedad profundamente corrompida aunque no lo sea absolutamente.

   El aborto es un gravísimo problema de las sociedades occidentales desarrolladas, pero no podemos nunca aceptarlo y acostumbrarnos a él, y menos considerarlo como un derecho de la mujer, porque jamás el matar a un inocente puede considerarse un derecho, aunque demasiados políticos que nos gobiernan lo establezcan así en sus programas de gobierno. Ya pueden aducir las excusas y pretextos que quieran, las cosas son como son y no como quieren un puñado de políticos irresponsables que imponen su ideología a golpe de Leyes inicuas. También la esclavitud humana fue legal durante siglos y muchos se enriquecieron con ella, pero un día determinado se acabó.

   “La amenaza más grande que sufre la paz es el aborto porque el aborto es hacer la guerra al niño, al niño inocente que muere a manos de su propia madre…

   Hay que ayudar a la madre que está pensando en abortar; ayudarla a amar, aun cuanto ese respeto por la vida de su hijo signifique que tenga que sacrificar proyectos o su tiempo libre. A su vez el padre de esa criatura, se quien fuere, debe también ser responsable y darse hasta que duela…

   Al abortar la madre no ha aprendido a amar, ha tratado de solucionar sus problemas matando a su propio hijo. Y a través del aborto se le envía un mensaje al padre de que no tiene que asumir laresponsabilidadpor el hijo engendrado. Un padre así es capaz de poner a otras mujeres en esa misma situación. De ese modo, un aborto puede llevar a otros abortos.

   El país que acepta el aborto no está enseñando a su pueblo a amar sino a aplicar la violencia para conseguir lo que quiere. Es por eso que el mayor destructor del amor y de la paz es el aborto. Para mí, las naciones que han legalizado el aborto son las más pobres, le tienen miedo a un niño no nacido, el niño tiene que morir…” Santa Teresa de Calcuta

   Hoy se dice que los matrimonios pueden tener “hijos no deseados” pese a haber intentado no tenerlos y que en este caso la solución para evitarlo es el aborto. Hay madres que pueden hacerlo porque poseen importantes ingresos económicos y sólo tienen que acudir a una clínica especializada para que se realice la muerte del niño y resuelvan el problema, momentáneamente.

   Hay otras madres que se dan cuenta de que están embarazadas sin pretenderlo, generalmente adoles-centes menores de edad o trabajadoras con pocos recursos o en el paro, y se les viene encima el problema del embarazo, sin que encuentren el apoyo del varón o de su familia. Aquí comienza el drama de esas mujeres que han tenido un desliz y luego se encuentran a solas con su problema.

   Hay que partir del hecho incuestionable de que el ser humano es vulnerable y, en muchas ocasiones débil para enfrentarse al mal a solas, que necesita comprensión y ayuda para no luchar solo.

   En los dos casos se trata de ayudar a las mujeres embarazadas que les ha sorprendido la concepción, para que no se hallen solas ante el problema. Para que eso no ocurra, pienso que se debería fundar un Instituto de Maternidad para informarles de las alternativas a fin de que valoren y decidan tener a su hijo como un valor y una alegría indescriptibles.

   La Iglesia Católica podría y debería emprender la fundación de una institución así, para evitar la muerte prematura y cruel de los niños, antes incluso que ayudar a las personas ya nacidas, dándoles comida, vivienda, asesoramiento, etc. y recabar y exigir la necesaria subvención del Estado, mediante un salario maternal o una subvención permanente mientras la minoría de edad del niño, facilitando además su adopción, o cualesquiera otras ayudas económicas y sociales.

   Instituto Infantil

   Otro modo de enfrentarse con el problema del aborto es o puede ser, la fundación de un Instituto para acoger a los niños abandonados de forma anónima, es decir, resucitar las antiguas Inclusas para que las madres que no pueden o no quieren hacerse cargo del niño en lugar de abortar, lo depositaran de modo anónimo en un torno de recogida, con las condiciones que ella determinara previamente, bien de abandono definitivo o bien de abandono temporal hasta que lograse resolver su situación.

   Después, habría que facilitar la adopción de los niños abandonados definitivamente regulando jurídica-mente el modo de darlos en adopción y las condiciones para hacerlo. También en este caso, la Iglesia tiene mucho que decir y el Estado mucho que responder para encauzar esta posibilidad de ayuda a los niños abandonados.

   Antiguamente, existían Inclusas o casas de acogida y beneficencia para niños, que tuvieron un gran desarrollo en los siglos XVIII al XX, el cual se truncó en España con la Guerra civil y en el mundo con el marxismo que favoreció en su lugar al aborto. Poco a poco fueron debilitándose y desaparecieron porque eran auspiciadas por la Iglesia católica y había que extirpar la religión como “opio del pueblo” según Marx y aun en la época actual, en pleno siglo XXI hay ideologías como el populismo, el marxismo, el feminismo radical y otras, que prefieren difundir el odio y la violencia hacia los que no piensan como ellos, como medio para alcanzar el poder. Muchos conocemos la gran novela de George Orwell titulada: “Rebelión en la granja” donde se critica sarcástica y proféticamente este modo de proceder.

   Todo, antes de continuar aceptando pasivamente la muerte de tantos niños –unos 300 cada día en España- a los que se les impide llegar a nacer con procedimientos crueles, sin permitirles llegar al mundo.Creo que muchos voluntarios pro-vida estarían dispuestos a colaborar en ese Instituto Infantil de beneficencia para acoger a tantos niños concebidos por error.

   Roberto Grao Gracia
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