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   Para aprender un oficio a nadie le parece deshonroso someterse a la guía de un maestro; ni para hacer una tesis doctoral aceptar el consejo o la dirección de un profesor, es lo más natural. Y a nadie en su sano juicio se le ocurriría arriesgarse a conocer las maravillas de una selva virgen, sin la protección y ayuda de un nativo experimentado. Por la misma razón, ningún cristiano debería renunciar a la ayuda de un experto en esta selva de la vida interior, donde los peligros son de vida o muerte, porque nos jugamos nada más y nada menos, que la salvación personal.

   Una aventura que no es, ni fácil ni cómoda, aunque mucho más interesante, además de necesaria, para alcanzar la vida eterna.

   La sociedad actual viene a ser como una selva. Antes, la vida cristiana era respetada, estaba amparada (buenas costumbres, disciplina, respetos humanos, autoridad, leyes justas etc.) Hoyse vive, bajo un laicismo acomodaticio, sostenerse en la fe no es tarea fácil.

   En estas condiciones, es más fácil y más cómodo vivir como paganos.

   Lo que no es admisible en ninguna ciencia, negocio, ni oficio etc., se está dando en la vida de muchos cristianos. Se está perdiendo el sentido de trascendencia y la consecuencia es, que el hombre cree no necesitar a Dios.

   Al médico se acude en casos de necesidad o de urgencia porque se trata de la salud del cuerpo. Y sin embargo, el alma es más importante. Tan importante, que de ella depende la suerte del cuerpo.

   Si se ha olvidado, hay que recordarlo y si no se sabe, hay que aprenderlo:¡que hay una resurrección de la carne! . Que si salvamos nuestra alma, hemos salvado también nuestro cuerpo.

   Hoy, por desgracia, a estas cuestiones no se le da, ni el tiempo ni el trato que merecen.

   ¿Qué saben los jóvenes, y aún muchos adultos, sobre la vida sobrenatural? Y sin embargo, es una cuestión vital para el cristiano.

   De todo esto se deduce que, para caminar con seguridad en lo que se refiere a la vida cristiana, hace falta también un guía, un consejero. A este consejero, el catecismo de la iglesia católica lo define como, director espiritual.

   Pero, un director espiritual de confianza y a ser posible, como decía Santa Teresa de Jesús, docto y santo. Sobre todo en estos tiempos en los que se pretende construir una sociedad plenamente laicista.

   Antonio de Pedro Marquina
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El consejero y director espiritual

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