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   La vieja Europa, la cuna de la Cristiandad, donde ésta se implantó y se propagó por la mayor parte del mundo civilizado, está a principios del siglo XXI más que en crisis, en una situación abocada a la transformación e incluso a la desaparición casi absoluta de su personalidad, basada en la Filosofía Griega, el Derecho Romano y el Espíritu Cristiano, trilogía que tantos y tan importantes descubrimientos científicos, tecnológicos, culturales, sociológicos y políticos aportó al mundo civilizado occidental.

   Palabras de San Juan Pablo II

   El Papa San Juan Pablo II lo alertó en su visita a España cuando en la Catedral de Santiago de Compostela, pronunció una palabras vibrantes y patéticas el 9 de noviembre de 1982: “Yo Juan Pablo, hijo de la nación polaca, que se ha considerado siempre europea, por sus orígenes, tradiciones, cultura y relaciones vitales; eslava entre los latinos y latina entre los eslavos; yo, sucesor de Pedro en la Sede de Roma, una sede que Cristo quiso colocar en Europa y que ama por su esfuerzo en la difusión del Cristianismo en todo el mundo. Yo, Obispo de Roma y Pastor de la Iglesia Universal, desde Santiago te lanzo, vieja Europa, un grito lleno de amor: VUELVE A ENCONTRARTE. SÉ TÚ MISMA, DESCUBRE TUS ORÍGENES, AVIVA TUS RAICES…”

   Ya entonces los espíritus más preclaros como el del Santo Padre, avistaban la deriva anticristiana que se estaba desarrollando e imponiendo en toda Europa a finales del siglo XX sin violencia, a través de la cultura del hedonismo y del relativismo, que manifestaban el aumento de la pérdida de la fe cristiana de los ciudadanos plasmado en las leyes de los diversos países europeos, especialmente con el aborto que se estaba empezando a despenalizar y legalizar en Europa por aquellos años.

   No a ninguna clase de aborto

   Avances de la descristianización de Europa

   En un artículo anterior mío titulado “La terrible alianza de las Ideologías” escribía yo sobre ese consenso implícito que se está dando en este nuevo siglo, entre la ideología capitalista y la ideología marxista, ambas radicales de cuño materialista, ateas e impulsoras de ese avance de la descristianización y deshumanización de Europa que tanto preocupaba al Papa Juan Pablo II en los años de su pontificado. Y es que ambas tienen esa misma raíz de ateísmo beligerante que aspiran a controlar y dominar el mundo civilizado sin ningún límite moral ni legal que impida el desarrollo de sus principios. Es lo que algunos llaman el NOM o nuevo orden mundial, yo no lo llamo así porque me temo que en Europa el Orden que prevalecerá será el que imponga el Islam que nos amenaza en sustitución del Cristianismo.

   Todo comenzó con la aprobación del aborto por el Tribunal Supremo de los Estados Unidos, en el año 1973, atendiendo a una pretensión de una joven norteamericana que aseguraba haber sido violada y quería deshacerse legalmente del niño concebido, violación que luego se comprobó que era falsa, pero el mal ya estaba hecho.

   Otro hito importante fue la remoción de la homosexualidad realizada por la Asociación de Psiquiatras de América del catálogo de enfermedades en el año 1973, no por estudios psiquiátricos precisamente, sino por presiones y amenazas de activistas homosexuales. A partir de entonces, los también llamados “gays” aprendieron que infundiendo temor y miedo a la gente, sea cual sea su capacidad y condición, conseguían mucho mejor y rápidamente sus deseos y proyectos.
   Ampliación de los sujetos promotores

   Iniciación a la Masonería

   Para ampliar la perspectiva con la que debemos juzgar los acontecimientos de este comienzo del siglo XXI, hay que añadir otra ideología importante que es la masonería, la cual nunca se ha limitado a exponer su doctrina y sus ideas, buscando la aprobación libre de las personas, sino que, desde que comenzó a extenderse en el siglo XVIII, siempre ha tratado de influir y dominar más o menos subrepticiamente las instituciones políticas y económicas con su mesianismo falsamente liberador de las personas y de la sociedad, en los lugares o países en los que se implantaba y además siempre lo ha hecho con gran hostilidad hacia la Iglesia Católica y hacia los cristianos en particular, considerándolos como sus enemigos naturales, aquellos que sistemáticamente se oponen a sus ideas y proyectos de organización de la sociedad.

   De ahí que, el conjunto de estos tres tipos de personas de mentalidad capitalista, marxista y masónica, tengan por objetivo principal la aniquilación del cristianismo y su influencia benéfica en la sociedad, acosando con odio y calumniando constantemente a los cristianos, a la Iglesia y a las instituciones cristianas y en determinados casos como cuando llegan al poder, eliminando la libertad de opinión y expresión  para pasar a imponer sus postulados totalitarios sin posibilidad de discrepancia. Estos hechos los estamos ya comprobando todos los días en los medios de comunicación y en la calle en este principio del siglo XXI.

   El Capitalismo ateo

   El capitalismo ateo o mejor, los grandes empresarios y financieros de nuestros días que acumulan grandes fortunas, las dedican a subvencionar y sufragar a muchas ONG y LOBBYS empeñados en extender el aborto, la homosexualidad y la ideología de género, con objeto de limitar el crecimiento de la población mundial que tanto les preocupa, hasta el punto de considerar que esta población calculada actualmente en unos 7.500 millones de habitantes con tendencia al alza, es excesiva y preocupante.

   Para ello, lo primero que se les ocurre es facilitar la muerte de los niños en el vientre materno, con objeto deque esa tendencia se detenga o invierta, cuando podrían dedicar sus enormes fortunas a informar y educar a muchas mujeres a controlar y planificar su actividad sexual con el fin de aprender los métodos naturales que existen para limitar su fertilidad como el Ogino-Knaus, método Billings, Temperatura basal, etc. sin dañar la moral natural. Lo segundo que se les ocurre es impulsar el homosexualismo y el mal llamado “matrimonio homosexual” que es infértil por naturaleza. Y lo tercero es la ideología de género y el transexualismo que, a través de ingestión de hormonas y cirugías de reasignación de sexo, hacen que la persona pierda la capacidad de tener descendencia.

   Es así como consiguen que no alcancen el mundo de los vivos millones de niños en el mundo y que sean sacrificados en el seno de sus madres sin piedad alguna, con la necesaria crueldad que hace falta para hacerlo por numerosos médicos que, independientemente del juramento hipocrático común de defender la vida humana a toda costa y evitar en lo posible la muerte del ser humano, realizan esa penosa labor. Según la prestigiosa revista digital TheLancet se practicaron unos 50 millones de abortos entre los años 1990-1994 y otros 56 millones entre los años 2010-2014, es decir, unos 10 millones de niños abortados cada año.

   La Ideología de género de raíz neomarxista

   La Ideología de género tiene evidentemente una base o raíz neomarxista y naturalmente atea, pero no atea moderada y conformista, sino manifiestamente hostil contra la Ley Natural, la Ley de Dios y las creencias Cristianas. Desde su punto de vista, es preciso erradicar todo lo que provenga de la Iglesia y de los cristianos, hacerlos ciudadanos de segunda o tercera clase, que en el mejor de los casos limiten o reduzcan sus razonamientos, sentimientos y creencias a la esfera privada, sin posibilidad de manifestaciones públicas y externas de religiosidad y a ello dedican su vida y todos los esfuerzos que su capacidad mental y física les permite desarrollar. A este respecto, recuerdo un párrafo importante de un autor católico: “El cristiano no necesita estructuras confesionales sino estructuras justas que respeten la dignidad y la libertad de todos. ¿Por qué tendría que llevar una doble vida –católico en privado, sin religión en público- por qué debería presentarse en la sociedad como “aconfesiona    como “neutral” si precisamente su condición de cristiano le impulsa a promover la libertad en la sociedad”? (Ernst Burkhart)

    entre esos esfuerzos está el apoderarse mediante la política en los distintos países en los que consiguen el poder, de la capacidad de desarrollar nuevas Leyes y ampliar falsos derechos que son en realidad contrarios a la naturaleza humana. Sustituyen la antigua lucha de clases del marxismo revolucionario leninista por la lucha de sexos entre hombres y mujeres y aparece entonces la ideología de género que consiste esencialmente en la posibilidad de no aceptar el sexo que todos recibimos al nacer y elegir cada uno el sexo y el género al que se quiere pertenecer .De este modo se establece la confusión y el desconcierto en las mentes moderadas de las personas que se atienen a la realidad de su propio sexo y se sujetan, muchas veces sin ser conscientes de ello lógicamente, a las condiciones y circunstancias derivadas de su biología.

   El gran peligro y gravísimo perjuicio que implica esta perversa ideología consiste en hacerla extensiva a los niños en su primera infancia, para cambiarles la percepción y las mentes poco formadas todavía, haciéndoles entrar en un mundo subjetivo erróneo que les traumatizará durante toda su vida y del que difícilmente podrán, con mucho empeño y esfuerzo, superar esa traumatización y recuperar el sentido común de su existencia como hombres o mujeres normales.

   Y todo esto sin aportar ninguna clase de razonamientos científicos ni experimentales, por puro capricho de los ideólogos de esta doctrina que la imponen a través de la intolerancia, el miedo y el despotismo amenazador, como comenzaron a hacer los homosexuales en los años 70 del pasado siglo, apoyados por los financieros poseedores de grandes fortunas como decíamos al principio, con miles de millones de dólares o de euros que reciben todos los días a favor del aborto y del género, para extenderlos cada vez más en los regímenes de los países europeos y americanos.

   Resulta curioso que esta Ideología parte de la aceptación –entre otras características- de una filósofa y escritora francesa, Simone Beauvoir, cuando definió que “la mujer no nace, se hace” que para algunos de sus seguidores supuso un hallazgo filosófico muy importante, cuando no deja de ser una “boutade” como dicen los franceses, porque “el hombre, como la mujer, nace y se hace” porque ambos hechos empíricos configuran su personalidad a lo largo de su vida.

   Por otra parte, hay otro hecho llamativo de esta Ideología, que consiste en que todos los que la defienden mantienen una actitud generalizada de hostilidad hacia la religión, pero sólo se atreven a enfrentarse y atacar ridiculizando y amenazando a los cristianos, no así a los musulmanes que también son religiosos pero no están dispuestos a tolerar ninguna amenaza ni ataque de nadie que intente burlarse de Mahoma o el Islam. Todos recordamos la matanza de periodistas colaboradores de la revista satírica Charlie Hebdo (12 personas) y la más trágica de la discoteca Bataclán, con 89 muertos ambas cometidas en París en el año 2015, por no citar otros varios atentados perpetrados por terroristas islámicos al grito de “Allá Akbar” (Alá es Grande).

   El Islamismo que nos invade

   Oración colectiva de los musulmanes

   Ahora ya creo que puede afirmarse que, uno de los acontecimientos más importantes y trascendentes de la Historia de la Humanidad, comparable a la Invasión del Imperio Romano por los pueblos Germanos bárbaros en el siglo V de nuestra era, y al Descubrimiento de América por los españoles en el siglo XV, así como las dos Grandes Guerras Mundiales ocurridas en Europa en pleno siglo XX, fue el despertar de los pueblos árabes Islámicos o musulmanes a la Economía mundial, gracias al hallazgo de numerosos pozos petrolíferos en Oriente Medio a principios de los años 70 del siglo XX en los que, unido ese hallazgo al acuerdo global de los países productores de establecer un precio común de venta para todos ellos con la constitución de la OPEP, que es un cártel de productores limitadores de la oferta, consiguieron aumentar ese precio exponencial y constantemente como les viniera en gana, a los países que necesitan importar ese precioso líquido llamado en tiempos pasados “oro negro”.

   Los precios del petróleo determinados a conveniencia de la OPEP, mediante la regulación de la producción, hicieron y lo siguen haciendo, que esos países productores lograran unos ingresos económicos inconmensurables para comprar toda clase de productos, materiales, tecnológicos y financieros en Europa y en el resto del mundo. En un principio se pensó que podrían colapsar la economía de Europa porque, salvo Rusia a la que se puede no asimilar completamente como europea, todos los demás países carecen de esa materia prima en sus territorios.

   En efecto, de ser unos pueblos nómadas, habitantes del desierto, sin ninguna clase de recursos agrarios ni industriales, que malvivían la mayoría de ellos en tiendas de campaña, sus dirigentes pasaron a ser grandes potentados que podían construir nuevas ciudades con todos los adelantos urbanísticos y técnicos, podían comprar equipos de fútbol europeos, encargar y comprar lujosísimos yates de recreo que son los más grandes del mundo, organizar torneos de tenis, patrocinar equipos deportivos de toda clase de competiciones, financiar muchísimas grandes Mezquitas en las principales ciudades europeas, subvencionar a sus ciudadanos con importantes subsidios económicos, transformar el desierto en lugares de lujo con abundante agua y vegetación, etc. etc.

   Me refiero a países como Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos, Yemen, Kuwait, Irak, y otros que, unidos a ellos en el resto del mundo, se aprovecharon y lo siguen haciendo, de ese acuerdo de producción y precio de venta común, para enriquecerse como Venezuela, Méjico, etc.

   Pues bien, este descubrimiento del oro negro petrolífero, ha permitido aumentar la presencia de los países árabes de religión islámica en todo el mundo occidental y extender su religión monoteísta en el continente europeo y en todo el mundo. Lo que unido a la “yihad” o guerra santa que desarrollan los más fanáticos de ellos cruelmente, con secuestros, y matanzas de atentados terroristas, y a una característica fundamental de esa religión, que consiste en la Teocracia o dominio político hegemónico de la religión en todos los aspectos de la vida social de los pueblos, hace que la cultura europea se tambalee peligrosamente ante la avalancha de inmigrantes árabes que aspiran a una vida mejor de libertades en Europa con las comodidades tecnológicas desarrolladas por los europeos a lo largo de grandes esfuerzos individuales y colectivos que han tenido lugar a lo largo de los siglos.

   La causa inmediata: la demografía

   En el año 2006, el dictador libio Muamar El Gadafi afirmó que:
“Europa será musulmana en un plazo corto de tiempo, y lo será por los vientres de las mujeres musulmanas que multiplicarán en número de hijos a las europeas. No harán falta espadas ni cañones bastará el crecimiento demográfico. Alá nos dará la victoria”. Se sabe que una civilización no puede subsistir en el tiempo, si el número de hijos por pareja no llega al 2,1, porque no hay posibilidad de renovar el número de personas de esa civilización, el cual desciende paulatinamente, hasta desaparecer sustituida por otra de distinta etnia, raza, religión y cultura, como está ocurriendo en estos momentos en Europa con el Islam.

   La invasión islámica de Europa, se está produciendo ya por la bajísima natalidad de las familias, el aborto, la eutanasia, y la ideología de género propiciadas por la política de izquierdas impuesta en la mayoría de los países europeos, el enfriamiento de la religión y la fe cristiana, el egoísmo hedonista de las personas fomentado por políticas ateas, las mentiras que no dudan en propalar para imponer sus ideas y principios políticos, etc. hace que estamos sufriendo los europeos una gran Invasión que puede acabar con nuestra civilización y convertir a Europa en una sucesión de países islámicos gobernado por la “sharía”.

   Porque la política de izquierdas que prima la inmoralidad de las costumbres, los ataques a la Iglesia Católica y a los cristianos, será dominada y sojuzgada por el poderío islámico que se impondrá en Europa antes o después, sin que sus dirigentes políticos dependientes del gran capitalismo ateo, aliado con esa izquierda también atea mayoritaria, y la masonería anticristiana, todos ellos con su ceguera contemporizadora, harán que desaparezca la antigua Europa cristiana, en un periodo de tiempo no demasiado largo, unos 50/100 años, sin violencia, merced a la fertilidad de la mujer musulmana sometida al marido, que actualmente está en 4/6 hijos por pareja, a diferencia de las parejas europeas cuya descendencia por pareja está en unos 1,3 hijos.

   En Europa viven actualmente unos 50 millones de musulmanes del total de 530 millones que es la población total, sin contar Turquía, Ucrania ni Rusia que pueden no clasificarse como europeos, por su trayectoria política y su falta de integración en el conjunto de todos ellos. Se calcula que, al ritmo demográfico actual, con el añadido de la inmigración, esa cantidad de musulmanes se duplicará o triplicará en unos 15/20 años llegando a unos 100/150 millones, que irá “increscendo” de no ocurrir un importante cambio de tendencia, que no se vislumbra por ahora.

   Otro factor importante, la Inmigración

   Integración a la inversa

   La inmigración islámica es otro factor importante que está sucediendo en Europa, a la que vienen a vivir desde hace tiempo (finales del siglo XX) numerosos musulmanes que huyen unos realmente, y otros aparentemente, de las guerras que suceden en Oriente Medio, Irak, Siria, Líbano, Afganistán, y son generalmente acogidos benévolamente por la mayoría de los países europeos.

   Pero esa gran inmigración masiva, no se integra en absoluto en la cultura europea, antes al contrario, se aprovecha de las libertades públicas y de las ayudas y beneficios que le brinda para aprovecharse de ellas manteniendo su religión y sus costumbres. En ocasiones, incluso se enfrenta a la sociedad de acogida, formando guetos islámicos en los barrios de las grandes ciudades, en los que no puede acceder la policía para aplicar el orden constitucional.

   Otras veces, los más fanáticos, incluso perpetran sangrientos atentados terroristas contra los europeos que ellos consideran infieles, como estamos comprobando frecuentemente desde hace algunos años, en Madrid, Londres, París, Niza, Colonia, etc.

   Conclusiones

   Hasta aquí mis observaciones sobre lo que está sucediendo en Europa a principios del siglo XXI, y los peligros que la acechan en el panorama internacional, que tienden a hacer que un día no muy lejano, desparezca tal como la hemos conocido en el transcurso de los últimos 15 siglos, sustituida por el Islam, fundado por Mahoma en Arabia en el siglo VII de nuestra era y que empezó a extenderse a continuación por otros países no arábigos como Irán, Turquía, Egipto, España y norte de África (Túnez, Libia, Marruecos) en los cuales se asentó el islamismo, salvo en España que no perduró porque fueron expulsados por la fuerza de las armas, después de 400 años de luchas interétnicas y religiosas.

   Si un día la Europa tradicional que todos conocemos con su cultura de libertades y progreso científico y tecnológico desaparece, no será sólo por la cobardía moral de los europeos de este siglo que tienen miedo y evitan enfrentarse al Islam. Será fundamentalmente por el error y la ceguera de tantos dirigentes políticos y ciudadanos arraigados en el capitalismo, el marxismo y la masonería ateas propagadoras del hedonismo, del consumismo, del relativismo y del nihilismo que, temerariamente atacan al Cristianismo y están dispuestos y tratan de conseguir que desaparezca de la vida cotidiana de las personas por la inmoralidad intrínseca que caracterizan esas ideologías. ¿No se dan cuenta de que ellos, los ateos hostiles contra la religión en grado sumo, serán como esclavos del islamismo, por lo que, o se convertirán al islam o serán dominados por esa cultura tan contraria a los derechos humanos que empieza por esclavizar a la mujer?

   A no ser que surja alguna reacción en la Europa cristiana contra ese peligro, para combatirlo y evitar esa desaparición y esa esclavitud que se vislumbra, la cual por ahora no se ve aparecer en el horizonte más cercano de la Unión Europea.

   Roberto Grao Gracia
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